A JOSE
Que
llamábamos también “PARRITA”
y se fue
temprano
Vente al
pueblo, Pedro, me decías,
que te hacemos
alcalde…
Te veo allá abajo,
casi al fondo de un
recuerdo
que se me trasnocha
por las esquinas de
los bares,
empapado de hastío,
y ese andar tumbao de
boxeador viejo,
turbio de soledad y
rebeldía
que busca el calor de
los amigos.
«Yo soy así, tío», me
dices
al tiempo que estrellas
una carcajada como un trallazo
en el centro de la
plaza.
Y luego me haces
confidencias de experto:
«Te lo digo yo, Pedro:
nadie como tú para
alcalde de este pueblo».
¿Recuerdas aquella
tarde de agosto,
amostazados contra el
Vicma gastando cervezas y sueños?
«No me jodas, Parrita:
eso de nombrarme
alcalde es quererme mal».
Y te arrancabas a
provocar a los mediocres,
a los insalubres, a los moralistas,
a los profetas del
desespero que pasan junto a nosotros,
juguetón y roqueño,
seguro de tu
insolencia barata
y de tu risa
insaciable.
«No me jodas, Parrita,
que son muchos
y vas retando a todos con
tu mirada franca
y tu corazón abierto».
La noche se lía en tus
venas
como un veneno mortal que
te llevará con ella,
ya lo verás,
tan joven;
vida torera sin
burladeros, ni red, ni capa,
igual que tu risa rota
de payaso grande
y niño viejo:
«No me jodas, Parrita,
irte ahora
que estábamos
viviendo…»
|
 | |  |